Salud y Discapacidad *

 

jueves, diciembre 21, 2006

La humanidad del minusválido

La lucha por que todos tengamos dentro de la sociedad las mismas oportunidades, y se nos trate con el mismo decoro llega en muchos países a alcanzar los sectores más insospechados. Uno de los grupos que en nuestras sociedades se dejan rezagados muchas veces es el de los minusválidos. Hay muchos factores que atentan contra ellos, puede ser por una parte la falta de recursos, o el desinterés que se sienta por estas personas, además de la cultura y las formas de pensar de moda. Además de, como cada individuo vea a estas personas y el valor que le da a ellas.

Muchas veces la cultura popular los ha marcado, estigmatizándolos, como aquellos que de alguna forma no son completamente humanos. También se les considera muchas veces los pobrecitos que se les echa a un rincón porque no pueden asumir, como los normales, las mismas funciones. En el peor de los casos sirven solo para el hazmerreír y las burlas, llegando a los casos de verdaderos abusos. Por suerte, se puede decir que no son los más los que perpetran estos abusos, aunque siempre quienes se aprovechan de que estas personas no se pueden defender y las maltratarlas. Se puede preguntar uno por qué siempre han sido estas personas objeto de burlas. ¿Es justo que una persona que camine con dificultades visibles sea objeto de burla por ello? Por citar un ejemplo.

A estas personas se les impone una serie de dificultades en la sociedad, que muchas veces se ven condenados al ostracismo y la marginación. Llegando a ser botados como si fueran un excremento del que a nadie se le ocurriría acercarse. Muchos sobreponen su dignidad y su voluntad de vivir por encima de las dificultades que se les imponen. Un ejemplo de ello es el del escritor Rubén Gallegos, que hace poco pasó por Suecia con motivo de la presentación de su libro, y para participar en un congreso de personas minusválidas. Un hombre que supo enfrentar las desventuras de la vida en un orfanato ruso.

En Gallego låter sig inte knäckas; un artículo publicado en el Svenska Dagbladet el pasado 3 de diciembre, en la sección de cultura, se reseña su libro autobiográfico y su visita a Suecia. Como dice la autora del artículo, Anna Lindström, creció con una marcada limitación física, huérfano y abandonado a la crueldad de los adultos. Pero él solamente se negó a dejarse resquebrajar. La visita actual a Suecia de Rubén Gallegos a Suecia muestra que el deseo de vivir es más grande que todo.


"Gallego låter sig inte knäckas", artículo publicado en el Svenska Dagbladet el pasado 3 de diciembre. Foto: Germán Díaz



El mismo Gallego diría en su novela Blanco sobre Negro, que también está disponible en idioma español: “Si no tienes ambas cosas, piernas y manos y aún así naces huérfano a este mundo – entonces todo está decidido. Estás condenado a ser un héroe tanto cuanto vivas. O, tomar el último respiro.” La novela t trata sobre la incomprensible cruel niñez en un orfanato en la Unión Soviética.

La historia de Rubén Gallegos es comentada por la columnista Lindström. El mismo nació en 1968 en el hospital de la nomenclatura soviética en Moscú como nieto del aquel entonces secretario general del partido comunista español, Ignacio Gallego. Su hermano gemelo murió durante el parto y Rubén nació con serias limitaciones físicas. Después de haber vivido un año y medio en un hospital especial con su mamá le enviaron a un orfanato. La mamá Aurora, pudo después escuchar que él había muerto, pero en el orfanato le dijeron que la mamá no lo quería, y por eso lo dejaba. La minusvalía era algo que no se podía ver en la sociedad soviética. Los niños minusválidos y los llamados subnormales eran dejados en instituciones en las que, según Gallego, reinaban repugnantes condiciones, no solamente referente a la comida y los locales.

El trato del personal del orfanato llegaba a ser tortuoso. Las enfermeras le decían a Rubén que lo mejor para él y para la sociedad era que él muriera. Pero que como él vivía en el mejor de los países del mundo, tenía suerte y le daban comida, una habitación y educación. En el capitalista Estados Unidos se ejecutaba a los minusválidos con una inyección letal. Sentía vergüenza cuando comía. Los del personal decían que ellos, los minusválidos, deberíamos ser agradecidos y estar contentos porque tomábamos la comida de otras gentes que la necesitaban mejor, por ejemplo los cosmonautas. Porque los cosmonautas pasaban hambre por cuenta de ellos. Por un tiempo decidió dejar de comer, pero entonces me amenazó el personal con llevarme a un hospital psiquiátrico en donde las condiciones eran aun peor.

A Rubén y a los otros niños minusválidos se les decía que estaban fracasados y que era su propio error que no pudieran funcionar como las demás personas. El mismo se sentía que no podía completar el ideal de los adultos, y que ellos estaban decepcionados con él, porque no podía ser como los otros, como los niños “normales”. Por eso también llegaba a avergonzarse. Pero es interesante que, al mismo tiempo que le decían esas cosas, también le decían que él de todas formas estaba bien. En Estados Unidos los trabajadores se morían de hambre en las cadenas de montaje y las colas frente a la embajada soviética eran larguísimas.

Anna Lindström describe que a pesar de que el libro trata sobre una niñez, que es más bien parecido a una pesadilla, rompe Ruben con humor y chisporreteando alegría de vivir a través del mismo. Asegurando además, que no tenía ninguna estrategia en especial para continuar y seguir adelante. No tenía otra alternativa. Sobrevivió como un animal que se las arregla a como pueda. No veía que hubiese nada a lo que se le pueda llamar justicia. O bien es uno fuerte y se las arregla sin problemas, o bien eres de los débiles y no lo haces. Y siendo interrogado sobre si ha sentido amargura, dice: Yo crecí entre mayores que me decían que no tenía ningún valor y que era mi culpa que fuera minusválido. Ésta puede ser la respuesta a la pregunta.

Cuando Rubén tenía 16 años ya estaba mayorcito para el orfanato. Dado que no tenía ninguna familia se le mandó para una casa de ancianos, que funcionaba como la estación final de la sociedad soviética, una gran cárcel que necesitaba un pase para poder salir o entrar. El msimo cuenta que en la casa de ancianos todos temían ir a parar al tercer piso. Allí se les mandaba a todos los que ya exigían ayuda para lo elemental o que se había determinado habían vivido demasiado. Allí los dejaban totalmente abandonados en sus propios excrementos hasta que morían. Muchos de los ancianos que llegaban a saber que serían trasladados al tercer piso se suicidaban antes que alcanzaran a llegar allí.

Cuatro años estuvo Rubén entre los ancianos y los moribundos antes de que se le ayudara a salir de ahí gracias a una enfermera que se enamoró de él.Después le siguió una vida en libertad y trabajos diversos para procurar su sustento. Hace cinco años que encontró a su mamá Aurora en Alemania. La madre dice que le dio un shock cuando Rubén tomó contacto con ella. Porque siempre creyó que él estaba muerto. Ahora viven juntos en Freiburg junto con su hermana menor Anna. Ellos siguen ahora a Rubén por todos sus viajes, la mamá como traductora y la hermana Anna como asistente.

http://www.cubanuestra.nu

Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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